jueves, 24 de marzo de 2016

Percherones

 

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Esparce el vino que tomo un aroma de sarmientos retorcidos, el despliegue volátil de un mundo vegetal que acogió el agua de las nubes, el tueste del sol, la amargura de las arcillas rojas. Imagino, de manera burda, que de esa manera la energía de la naturaleza revierte a mí pues nada se fuga para siempre, todo es un flujo en el que participamos como espectadores de ínfimas transiciones.

Soy sol, soy nube, soy el fragor del viento en la veleta. En estos días percherones me alivia saber que los átomos que me conforman, y que tan pulcramente degrado, provienen de estrellas, fueron parte de un cometa azul y un asteroide errante y soy, como ellos, un hijo más del tiempo.

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