Bosques de ribera que se desnudan al paso de las aguas.
Estos escaramujos silvestres fueron una vez rosas. Castigados por los fríos aún conservan la ajada belleza de lo que fueron.
Esta lumbre de poda de olivos hizo que el invierno no existiera. He pasado estos días navideños en mi pueblecito natal cerca de ella. Siempre me causó una misteriosa fascinación el fuego.
Otra de mi rincón favorito. Es la unión de la fotografía de más abajo
llamada Nieblas fluviales con otra foto pareja de ese mismo día para
crear la panorámica.
Se recomienda ampliar. No reduje su tamaño (2560x1183 px), pero la comprimí mucho 515Kb.
Me vi obligado a unir dos fotos para crear esta panorámica, mi angular no abarcaba tanto. Es un lugar muy desconocido y misterioso del Alto Tajo, se encuentra en Guadalajara, cerca de Molina de Aragón. Las casas que se ven son las de los santeros, la ermita apenas se atisba detrás de ellas y está incrustada bajo la enorme roca. Aquella noche se alcanzaron 15º bajo cero allí mismo.
Una visita a un Monasterio, cantos gregorianos de fondo, ambiente de helada quietud, una sala vacía y los colores de una vidriera sobre el empedrado. Y claro, servidor, de por medio.
Las nieblas del Tajo devoran los colores y el agua pincela de irrealidad el ambiente.
Imposible pasar por este rincón cada mañana sin darle un vistazo.

Me llama Anibal para decirme que atrapó un duende del género trasgo y que me ofrece la posibilidad de fotografiarlo si acudo rápido. Manejo sin demora y, al llegar, me encuentro a Anibal desesperado.
- Acaba de perderse, se lamenta, lo tenía en la quesera con su manita tapándose la nariz, el gesto de enfado y el gorrito rojo torcido. No sé como se fugó pero un duende suelto en una hotelito rural es una tragedia. Como sabes, tienen predilección por esconder las cosas y este no lleva ni una hora escapado y ya escuché decir a un cliente que no encontraba su navegador GPS y a otro que perdió su móvil.
Mientras desgustábamos un aromático café intente tranquilizarle.
- Anibal, no encontrar un GPS tiene su gracia y lo del móvil pasa todos los días. Además, un hotel rural como el tuyo no necesita ni una cosa ni otra, lo esencial es descansar y olvidar lo superfluo por lo que, bien mirado, el duendecillo puede haberte hecho un favor.
Parece que mis palabras le calmaron bastante.
- Quédate a cenar, prepararé un plato de pasta y pondré bossanova.
- No gracias Anibal, le dije, tengo mucho trabajo, mañana debo presentar unos proyectos y quiero quedarme parte de la noche repasando.
Me despedí y encaminé mis pasos hasta el auto que estaba aparcado bajo una higuera. Y lo hubiera arrancado y me hubiera ido de no ser porque no hubo forma de encontrar mis llaves.
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Foto: alrededores de la casa rural de Anibal.
El manso arrullo del mar,
el declinar leve de la tarde,
el minuto azul en que las aves regresan
y el silencio invade la naturaleza.
Tomé esta foto sin pensarlo, sin considerar encuadres y en automático. A pesar de ello, por motivos que poco tienen que ver con la fotografía, me trae una gran paz.
Mediterráneo, Jávea.