sábado, 6 de enero de 2018

La primera aurora


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06.01.2018

Hace un año exacto la vimos . Sobre las tres de la madrugada, después de muchas horas y kilómetros bajo un cielo siempre gris con una temperatura que rondaba los –20º en  Overgård se abrió un claro y la guía nos avisó. Esta es de las primeras fotos. Sabíamos lo misteriosa y escurridiza que era nunca lo adictiva que iba a resultar.

Arranca motores - 05.01.2018

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05.01.2018

Sopeso la posibilidad de cargar la cámara durante algunas semanas y colocar aquí fotos frescas del mismo día. Con la bici será posible. Todo como un juego.

El ánimo – 04.01.2018

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Un querido amigo dice que el otoño es un estado de ánimo. Todo puede serlo como los seres volubles que somos. La fotografía concede densidad a los recuerdos. En todo cuanto tenga de recorrido del pasado, de instantes entresacados a la penitencia del tiempo, es un estímulo o una rémora a nuestra disposición de espíritu.

04.01.18 – Foto tomada al Mar de Barents, uno de los mejores días del 2017


La pequeña bruma – 03.01.2018

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03.01.2018

En el amanecer de los los días fríos emana por las riberas del río una gasa de niebla, que reclama un pasado acuático. Hay tal sutileza y abandono que parece indicar los vestigios de una derrota de las aguas a manos de las tierras emergentes. Cuando puedo me detengo unos instantes despreocupado para verla flotar en el meandro como un fantasma galante. No la veo, la respiro.

Anémona – 02.01.2018

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Dicen de esta flor que vive un romance con el viento y desde entonces se estrechan por los campos en un juego eterno. 02.01.2018


Helechos

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¿Podré? Lo dudo. Será un reto. Vamos a intentarlo. Trata de colocar aquí una foto diaria, con algunas letras esbozadas si me es posible. Se permiten los retrasos si consigo recuperarme.  Smile

01.01.2018

El helecho sabe a pinar y acelga. Es una planta misteriosa e inacabada, un bosquejo que la flora hubiera abandonado antes de acabar. Era un árbol en Sierra de la Minas. Recuerdo las gotas resbalando por sus hojas y haciéndolas oscilar al desprenderse. Parecía hecha de lluvia. Al llegar la noche el bosque entero se repletó de luciérnagas que desplazaban sus trazos de luz entre ellas.

sábado, 28 de octubre de 2017

Cronologías fortuitas

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En la Noruega de 1863 nació Edvard Munch y Lisabet Hakegard. No se conocieron, les separaban mil kilómetros de montañas, nada tenían que ver entre sí salvo que confirmemos que veintiséis años más tarde aportarían su obra maestra: él daba la primera pincelada a El grito y Lisabet tenía a su hija Nella.

Las cronologías accidentales se propagan como llamaradas. En 1944, los nazis arrasan por completo la región del norte de Noruega y ambas son deportadas a un Oslo donde precisamente acababa de morir el pintor.

Ahora sabemos que madre e hija están enterradas al lado, en su pueblo natal, al pie de un fiordo, cerca de la mina de cobre donde trabajaron. La lápida de Lisabet dice “gracias por lo que eras para nosotros”, “amada y extrañada” dice la de Nella.

En 2006 recuperan El grito. Llevaba años en manos de ladrones. Apenas una semana más tarde, la bisnieta de Lisabet siembra unas matas de violetas en las tumbas. Era la flor preferida de su linaje femenino.

Desaparecen en las primeras nieves y rebrotan cada primavera.

lunes, 9 de octubre de 2017

La primera mirada al glaciar

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Intensa emoción cuando atisbé el glaciar engarzado a una montaña, la cascada que durante unos segundos obturó un fragmento enorme de hielo que reventó después, su estruendo de granizada.

domingo, 8 de octubre de 2017

El reno que se fue de la manada para beber en el río

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7000 AC no existía la escritura, ni la agricultura, a lo más parece ser que en alguna cueva oscura una leche de cabra, echándose a perder, formó el primer queso pero lo que sí es seguro es que el hombre necesitaba ya entonces representar su universo mediante el arte. El Alta, Noruega, hay numerosas agrupaciones de petroglifos y grabados de renos domesticados o salvajes. Toda cautivador pero me llamó la atención uno de ellos solitario a varios metros del grupo acercándose a una grieta por la que aún rezuma la humedad.

¿Quería representar un reno que va a al río? Probablemente no y sea una formación geológica posterior pero quiero convencerme que es así e incluso si se observa bien se apreciará un segundo reno por encima más simplificado como indicando que estaba más apartado y apenas se distinguía de la escena principal.

(Dejo la imagen a tamaño real en el enlace).

martes, 6 de septiembre de 2016

Latidos salvajes.

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Vas a otra naturaleza buscando restaurar energías para afrontar la convivencia entre humanos, regresas añorando paisajes y evidencias, de inmediato, que con ella y poquito más te bastaría. Llamemos a esto, latidos salvajes.

martes, 19 de julio de 2016

Matojos

 

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Desde su ventana, cerrando los ojos, percibía la brisa de salitre. Necesitaba caminar sin acera entre un seto de arizónicas y una carretera frecuentada, cruzar una rotonda corroída de matojos y enfilar una avenida hasta donde la arena se esparcía formando una playa que, a esas horas tan tempranas, sólo ejercía su magnetismo en unas gaviotas.

Fue al punto exacto, se descalzó. Sus piernas estiradas en el preciso lugar donde expiraban las espumas. Se reclinó. Volvió a cerrar los ojos. A veces una ola estiraba la caricia fría hasta la cintura. Desde lo ajeno, vista por un asiático que abriera su tienda de artículos, por un barrendero o un corredor de primera hora, parecía una criatura expelida por las aguas abisales. Una verdad dócil de las profundidades, un misterio arrancado a las algas.

De vez en cuando entreabría los ojos y entre las pestañas, el vuelo de las aves dibujaba rasgaduras en el cielo aún sin sol. Así de manera irremediable, extrañamente sumisa, su mente dejaba de batir problemas y regresaba en calma con furtividad silenciosa.

jueves, 24 de marzo de 2016

Percherones

 

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Esparce el vino que tomo un aroma de sarmientos retorcidos, el despliegue volátil de un mundo vegetal que acogió el agua de las nubes, el tueste del sol, la amargura de las arcillas rojas. Imagino, de manera burda, que de esa manera la energía de la naturaleza revierte a mí pues nada se fuga para siempre, todo es un flujo en el que participamos como espectadores de ínfimas transiciones.

Soy sol, soy nube, soy el fragor del viento en la veleta. En estos días percherones me alivia saber que los átomos que me conforman, y que tan pulcramente degrado, provienen de estrellas, fueron parte de un cometa azul y un asteroide errante y soy, como ellos, un hijo más del tiempo.